«Viaje interestelar a un nuevo mundo» es el nombre de mi última obra musical terminada hace dos días y subida ayer a la SGAE.
Si hace casi 55 años (supuestamente) pisamos la Luna, hoy día debiéramos ya tener una clara mentalidad interplanetaria y estar listos para surcar el espacio, en vez de seguir siendo cavernícolas (en nuestras creencias y posturas) y trogloditas (en nuestros actos e intenciones).
Stephen Hawking afirmó que o logramos habitar otros mundos o desaparecemos como especie; lo cual nos está avisando de que, en vez de gastar riqueza y vidas en apoderarse de un pequeño trozo de este minúsculo planeta, debiéramos gastar riqueza y energías en hacer posible ese viaje por el océano espacial.
Es una decisión similar a la de la reina Isabel I de Castilla (una mujer adelantada en siglos a su época) que, en vez de invadir Portugal y aprovecharse de la ya estabilizada navegación lusa alrededor de África para traer los codiciados productos de Oriente, financió un viaje a la nada, pues la incógnita era enorme ¿qué lograrían? ¿llegar a la costa este de Asia navegando hacia el oeste (porque el mundo era redondo) o caer por los abismos del fin de la Tierra (porque el mundo era plano)?
Fueron dos meses angustiosos, rodeados de agua y agua y más agua; solo agua mientras lo alimentos iban disminuyendo y la otra agua (la que se podía beber) disminuyendo; viendo como imposible el ni siquiera volver a casa.
Viajar por el espacio en busca de un nuevo mundo es algo parecido, aunque, en este caso, si se sabrá hacia donde se va y las más probables posibilidades de éxito. Pero, igualmente, durante meses se estará rodeado de silencio y espacio vacío.
Cuando, aprovechando una ola espacial (curvaturas del espacio) se viaje a través de la ola por lo que yo llamo atajos espacio-tiempo, que Hawking (para mi gusto) mal llamó “agujeros de gusano” es cuando se tendrá la sensación de ir hacia la nada, pues se estará en una oscuridad absoluta (salvo la de la propia nave) dado que la luz se mueve por la superficie de la onda espacial: estará pasando por encima de nosotros.
Pero, en todo momento, sentimos la grandeza del universo.
En la pieza musical, no describo sonidos pues solo habrá los de la propia nave y su instrumental, sino que describo las sensaciones de estar en el espacio, cruzarse con asteroides, rocas, cometas, el firmamento que nos rodea, la esperanzada llegada a un posible planeta habitable, la desilusión de ver que no lo es y vuelta a la rutina… hasta que se encuentra uno idóneo para habitarlo.
Un alegre canto (en español, inglés, alemán, francés, italiano y también esperanto en representación del resto de lenguas) en agradecimiento por haberlo encontrado, la alegría de disponer de un nuevo hogar para la humanidad y el deseo de vivir unidos en paz en ese nuevo hogar planetario. Entonces (tarareando) se empieza a construir, aprovechando el optimismo, la alegría, la esperanza; además de las herramientas traídas en la nave y lo que conseguimos de la propia naturaleza que llena ese planeta.
No traten de imaginar ni adivinar, siéntanse cómodos en su butaca en la nave espacial y dejen que la música los lleve por los espacios siderales; solo su ser interno sabe cómo son.
Para aquellos que disfrutaron y me felicitaron por mi anterior obra “Embrujo andaluz” aviso que esta obra es totalmente distinta; espero que, también les guste. Ya me dirán.