Aparición del humano,

creencia durante siglos.

Hecho el Preámbulo, veamos:

Durante miles de años, la fuente existente para saber sobre hechos en tiempos anteriores solo estaba en la narración oral de una generación a otra; pero, ya sabemos lo que pasa cuando cinco o más personas se cuentan cualquier cosa la una a la otra; cada una de ellas entiende lo que oye, lo interpreta y lo cuenta a su manera (que incluye algún añadido o supresión, a su gusto, conforme su creencia o saber personal), de tal forma que la última persona recibe algo bastante distinto de lo que dijo la primera; imagínate cuando, en vez de personas presentes todas, hablamos de trasmisión entre generaciones.

Sin duda alguna, el tataranieto contará a su hijo algo muy distinto a lo que contó su tatarabuelo.

Por ejemplo: en mi novela “Biografía Kármica” muestro como los iroqueses tenían una leyenda común sobre la creación de la Tierra (la Gran Tortuga), sin embargo, entre las distintas tribus iroqueses había diferencias significativas sobre los descendientes de la Señora del Cielo.

Es fácil concluir que esto los humanos lo solucionaron un poco trasmitiendo ideas con dibujos representativos de la realidad, luego dibujos conforme a símbolos ya comunes dentro de la tribu; de los que posteriormente, usando la primera sílaba del nombre de un dibujo unido con las primeras sílabas de otros, formaban la palabra que querían trasmitir (egipcios).

En paralelo, otras culturas desarrollaban palabras e ideas con líneas en diferentes posiciones según un acuerdo entre los eruditos, principalmente para temas administrativos y jurídicos (escritura cuneiforme y culturas orientales); hasta que los fenicios crearon un sistema donde cada signo representaba un fonema consonante, un sistema de palabras sin vocales.

En paralelo, otras culturas creaban palabras e ideas con líneas en distintas posiciones conforme a un acuerdo previo entre los eruditos de esa cultura, principalmente para poder manejar temas administrativos y jurídicos (escritura cuneiforme y culturas orientales); hasta que los fenicios crean un sistema de un signo por fonema consonante, un sistema de palabras sin vocales.En paralelo, otras culturas creaban palabras e ideas con líneas en distintas posiciones conforme a un acuerdo previo entre los eruditos de esa cultura, principalmente para poder manejar temas administrativos y jurídicos (escritura cuneiforme y culturas orientales); hasta que los fenicios crean un sistema de un signo por fonema consonante, un sistema de palabras sin vocales. De ahí se inspiraron para el hebreo y luego el arameo con sus escrituras igualmente sin vocales; las cuales fueron inventadas por los griegos en el siglo VIII (8) a.C.

Así que, con la interpretación (repito: interpretación) de fuentes tan incompletas en su detalle, donde, a la vista de una palabra de solo consonantes, pongas un as vocales o pongas otras, consigues una palabra distinta, hemos vivido de “verdades”, acertadas o no, durante siglos, hasta que nació la arqueología y la lectura del ADN y su genealogía.

Es el caso del famoso: “Más fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja…” que dijo Jesús hablando de los ricos; actualmente los eruditos se han dado cuenta de que, en vez de camello, podría estar diciendo maroma, teniendo en cuenta la morfología de la palabra, las vocales posibles y la construcción y contexto de la idea trasmitida

¿Cuántas otras muchas palabras de la Biblia (y del Corán, pues el árabe de hace 1.400 años tampoco escribía las vocales) habrán sido traducidas conforme al entender del traductor y no de la idea realmente trasmitida?

Habiendo dejado todo este aspecto claro, en el próximo número entraremos de lleno en la razón por la que decimos que Hispania fue madre y refugio desde hace mil trescientos millones de años, antes que ningún otro país de Europa y que otras grandes civilizaciones posteriores. Lo haremos confiando en que, durante el tiempo que tardemos en presentar ese segundo número, hayáis madurado todo lo dicho hasta aquí y logréis adoptar la postura (a mí me ha sido muy útil) de: “Creo A, B y C porque bien analizado me parece lo acertado y lo seguiré manteniendo mientras nadie me razone y demuestre otra cosa más coherente y lógica; pues, a pesar de todo, admito que puedo estar equivocado”. 

Si lográis hacer vuestro, bien intrínsecamente, ese pensamiento, ganaréis en sabiduría.