Una Europa inhabitable
Como ya he afirmado en un número anterior de «Hispania, Madre y Refugio», vinculando la Biblia y la Ciencia, la visión predominante sobre los movimientos de los prehumanos a medida que avanzaban y descubrían nuevas tierras era la siguiente:
De lo que hoy es Etiopía y Kenia, un grupo fue hacia el sur (actual Sudáfrica) y otro hacia el norte, siguiendo el curso del rio Nilo. Dado que hacia el oeste estaba el árido desierto del Sáhara, se fueron hacia el este. Ya cruzado el Sinaí, unos fueron hacia el norte y otros hacia el este. Los que se fueron hacia el este, se asentaron entre los ríos Tigris y Éufrates, al norte del Golfo Pérsico; donde, muchos, pero muchos milenios después, se crearía la civilización sumeria; más o menos al mismo tiempo que la egipcia en el delta del Nilo.

Los que se fueron hacia el norte, llegaron al estrecho del Bósforo y por allí fueron poblando Europa, siendo las últimas tierras por ocupar: las Islas Británicas y la península hispánica.
Así quedaba contento todo el mundo; aunque para algunos todavía les costaba admitir que Eva fuera una negrita africana, más simio que mujer. También les costó, aunque ahora menos, entender que cuando Moisés escribió el Génesis[1] y dijo que Dios creó una cosa en un día y otra en otro día, y así sucesivamente durante seis días, lo que realmente quiso decir fue «etapa» o «fase», no días de 24 horas[2].
[1] Generalmente se acepta que los primeros cinco libros (Pentateuco) fueron escritos por Moisés; pero en su época (1400 a. C.) aún no existía la escritura hebrea, que surgió, inspirada por la escritura fenicia, 300 años después de Moisés; por lo tanto, sigue siendo un misterio quién escribió los primeros 5 libros de la Biblia.
[2] La secuencia en la que la Biblia describe la creación de los diferentes elementos del universo y la geología, flora y fauna del planeta concuerda plenamente con lo que la ciencia ha ido descubriendo. La única diferencia es que la Biblia usa el término «día», mientras que la ciencia habla de millones de años; pero para Dios, todo se mide en millones; nosotros mismos, cada uno de nosotros, somos un universo de 100 mil millones de células… …mientras que nosotros solo vemos un individuo.
Según esta visión, estaba claro que todos los habitantes de Europa procedían del este. Seguían imperando los mismos fundamentos: lo contado por la Biblia, más lo que se conocía de las civilizaciones egipcia y mesopotámicas, pero admitiendo, como algo inevitable, que el principio de todo estuviera en unos simios, negritos de África.
Sin embargo, se obviaba algo muy importante: esos fundamentos eran de hace 8.000 años, pero Lucy y otros fósiles encontrados en zonas cercanas, incluso 500 años más antiguos, eran de hace 2,8 millones de años. Nadie se preguntaba que sucedió durante ese larguísimo tiempo intermedio… Bueno, está claro, seres tan primitivos, moviéndose solo por necesidad cada mucho tiempo, acabaron llegando al norte y con tiempo crearon civilizaciones y fueron pasando a Europa…; pero estaban obviando algo muy digno de tener en cuenta: las glaciaciones.
Desde el tiempo de Lucy y sus vecinos, ya empezando a destacar como homínidos, se han producido varias glaciaciones: una aproximadamente en el año 2.450.000 antes del presente (AP) que duró (semana más, semana menos) unos 350.000 años; otra en el 850.000 AP durante 215.000 años; la del 580.000 AP durante 160.000; en el 300.000 AP otra que duró 140.000 años y en el 110.000 AP hasta el 14.000 AP, la última hasta ahora.
Todas las glaciaciones han sido similares: Todo el norte del continente americano y de Eurasia lleno de enormes bloques de hielo de hasta 4 km. de altitud, cuyo peso hundía el suelo y, al terminar la glaciación y caer grandes glaciares, erosionaban el terreno y se formaban lagos (los Grandes Lagos de Norteamérica, el Mar Báltico, el mar Caspio, los Fiordos, el Lago de Ginebra, etc.).

Las zonas más al sur de esas amplias áreas de hielo estaban ocupadas de nieve con un espesor de hasta unos 30 metros.

En todos los casos, las tierras al sur del paralelo 43°N (de los Pirineos hacia el sur, en el caso de Hispania) gozaban de un clima muy aceptable, casi tropical. Aparte de eso, el nivel de los mares era 120 metros inferior al actual.

Es decir, durante las épocas de glaciación, el único sitio de Europa a donde se podía ir y vivir en condiciones válidas, era en Hispania, pues incluso el estrecho era fácil de cruzar.

Se podía pasar a Europa por el estrecho del Bósforo, pero solo se podían habitar las costas de lo que hoy es Grecia; todo alrededor eran inhóspitas nieves sin destino a ningún lugar apto para la vida. El tercio sur de Italia era habitable, pero no había paso por tierra y la navegación del norte de África a Sicilia era demasiado largo para ir en troncos o balsas, aunque no imposible.
[1] En el supuesto de que algún grupito lo hubiera logrado en las épocas interglaciales, habría muerto congelado a la siguiente glaciación.
[2] Lugar señalado en el mapa con un punto rojo, dentro de la zona privilegiada, casi tropical, en el interior de una península boscosa y llena de vida.
Todo esto podría confirmar que los humanos no pasaron a Europa hasta después de terminarse la última glaciación hace 14.000 años…[1]; sin embargo, un acontecimiento inesperado y sorprendente, ha cambiado el mencionado escenario (durante tanto tiempo mantenido con tan “sólidos” argumentos) y ha sido con lo hallado en Atapuerca, a 14 km. de la ciudad de Burgos.
[1] En el supuesto de que algún grupito lo hubiera logrado en las épocas interglaciales, habría muerto congelado a la siguiente glaciación.
Ese sorprendente hallazgo en Atapuerca (que ha cambiado todo el escenario previamente concebido) lo detallamos en «Hispania, Madre y Refugio 5»
