La evolución
Pero Hispania no fue el único foco de evolución, pues la evolución humana no fue totalmente lineal, sino que hubo ramificaciones
Pero, antes de detallarlas, veamos por qué una especie experimenta un cambio físico o mental, sin dejar de ser la especie que es, pero incluso evolucionando a una especie parecida, pero claramente diferente.
Nuestro ADN es un programa con los códigos químicos apropiados indicando como construir la criatura correspondiente, como va a crecer a la fase de adulto, que funciones va a ejercer cada uno de sus sistemas y elementos psíquicos y fisiológicos que van a determinar su idiosincrasia como individuo dentro de su especie; así como el ritmo de envejecimiento de los diversos elementos y sistemas que lo componen, lo cual definirá, en cierto modo, la esperanza de vida de ese ser con ese ADN. Pero no es una programación monolítica; es reprogramable.
El ADN recibe la influencia de las experiencias, tanto positivas como negativas y eso puede hacerle retocar alguna de sus instrucciones; incluso nuestra actitud (optimista, pesimista), la educación recibida, todo ello va influyendo en el ADN para mejor o peor.
Nada de todo eso provoca una evolución, un cambio sustancial en las características biológicas, fisiológicas ni mentales como para empezar a ser una etnia o incluso una criatura o una especie, diferente. Lo único que provoca una evolución es una necesidad vital por la que, si no se adapta a las nuevas circunstancias ambientales, cambiando o modificando lo que sea necesario cambiar, morirá y podrá desaparecer su especie.
De ahí el que pasen muchos miles de años antes de que produzca un cambio de etnia o especie. Muchas veces la evolución será simplemente una mejora de los mismos elementos; pero en otras ocasiones la necesidad a cubrir obligará a unos cambios sustanciales, tales como se produjo en el primer ser marino, con respiración branquial, que se vio precisado a vivir fuera del agua y que sus branquias cambiasen a pulmones.
Esto no se produce en una única generación, sino a lo largo de varias durante las cuales se mantiene la misma situación que exige las nuevas condiciones de adaptación.
Por eso, digamos de paso, que esas ideas de extraterrestres reptilianos es un absurdo; ningún reptil sentirá la necesidad vital de transformarse en un ser bípedo. Como mucho, ante una verdadera necesidad, evolucionaría a un ser similar a sí mismo, pero muy lejos todavía de un ser bípedo con manos para transformar el mundo, antes pasaría por muchas otras evoluciones, antes de evolucionar a algo similar a un ser humano, con piel de color verde, tal vez, pero humano, muy lejos de su original aspecto de reptil.
Darwin, estando en las Islas Galápago descubrió ese proceso evolutivo al comprobar que el aislamiento geográfico de las islas permitió que los animales evolucionaran: sus picos no servían para comer los frutos de las islas y generación tras generación sus picos fueron adaptándose con el grosor y fuerza necesarios para comer esos frutos.

Este es el animalito del que los simios proceden y consecuentemente nosotros. Es increíble la cantidad de situaciones que habrán ido sucediendo a lo largo de millones y millones de años, para, de ese animalito tan majo, haya salido una especie de feos como nosotros.
¡Es broma! Aunque hay algunas conductas y actitudes humanas propias de animales muy, pero que muy feos.
