La Primera Cultura Europea

Hemos visto como, durante un millón 400 o un millón 300 mil años antes del presente (1,4 o 1,3 millones de años AP), Hispania era el único lugar habitable en el subcontinente europeo; dado que, hasta hace 14.000 años AP, Europa experimentó cuatro glaciaciones que duraban cientos de miles de años.

En las épocas interglaciales, en que toda Europa volvía a ser un buen lugar habitable; al llegar una nueva glaciación, sus posibles habitantes o emigraban a Hispania o a Anatolia o morían congelados; refugiarse en una cueva podía ser una solución, pero no por mucho tiempo, dado que todo volvía a ser enormes bloques de hielo y gruesas capas de nieve, sin vegetación ni fauna de que alimentarse, durante otros cientos de miles de años.

El hecho es que, hace 14.000 años se inició el deshielo de la última glaciación; entonces, tanto los que vivían cerca del Bósforo como los que vivían cerca de los Pirineos, verían que en las anteriores tierras llenas de nieve, desaparecía esta y aparecían tierras que se iban llenando de vegetación y fauna digna de ser aprovechada; por tanto, ya fuera por necesidad de disfrutar territorios más prometedores que los habitados en ese momento o fuera por curiosidad, avanzarían hacia un nuevo asentamiento, pero esos avances serían muy lentos, dado que nadie se movería mientras su eco sistema siguiera cubriendo sus necesidades. Un ecosistema dejaba de ser suficiente cuando la población había crecido y era mayor a lo que ese hábitat podía alimentar; por lo cual, un grupo, seguramente de la joven generación, decidía aventurarse y, separándose del grupo de sus ancestros, formar una nueva tribu y buscarse un sitio propio. La misma Biblia nos deja ver esto, aunque, obviamente, volvemos a lo de las interpretaciones; analicemos:   

Siempre se ha tomado por bueno, al pie de la letra, tal cual, lo que ahí está escrito; es decir, porque a Dios le pareció bien, esas personas vivieron 7, 8 y 9 siglos (algunos casi un milenio); aunque llama la atención que personas de salud tan extraordinaria, tardaran 100 años en tener su primer hijo… algo no cuadra; pero Dios es Dios; y todo es una cuestión de tener fe; aunque me pregunto ¿Dónde realmente estamos poniendo nuestra fe? Porque a mí me parece que la realidad es que lo único que hacemos es tragarnos sin masticar lo que los «eruditos religiosos» nos dicen; por lo cual, nuestra fe no la estamos poniendo ni en Dios ni en la Biblia, sino en nuestros interpretadores de esta.

Si de interpretaciones se trata; yo, que creo en un Dios amor y sabiduría, pero no en un Dios caprichoso, que «porque sí» tiene pueblos elegidos (tal como se consideran los judíos), pueblos con destinos grandiosos (como se auto califican en los Estados Unidos) y humanos predilectos (tal como insinuaba Calvino que son los que progresan y hacen dinero), mientras ignora a los que no son de alguna de esas tres condiciones.

Prefiero buscar interpretaciones propias de un Dios perfecto sin favoritismos arbitrarios por nadie; prefiero una deducción sobre esas edades, según la cual, todo es más claro y Dios queda en el gran lugar que le corresponde.

Esa relación está en el Génesis, dentro del Pentateuco supuestamente escrito por Moisés; quien, como ya dijimos en un número anterior, como príncipe adoptivo en la corte del faraón, tendría acceso a tablillas y papiros que hablaban de la historia de la humanidad, conforme al acertado o erróneo conocimiento de sumerios, caldeos, acadios y egipcios; más su deseo de unir a las 12 tribus hebreas en una piña sólida, dándoles un corpus protagónico, con su mejor intención, por lo cual, puso en edades personales lo que realmente eran edades tribales; es decir:

Ciento treinta años después del “nacimiento” de Adán, su tribu, formada ya por un gran número de “hijos e hijas” (hijos, nietos, bisnietos, etc.) estuviese él vivo o no, su hijo Set decidió crear su propia tribu y buscar nuevas tierras y la tribu de Adán siguió existiendo otros 800 años, desapareciendo cuando se cumplían 930 años de su formación.

 Así fue igualmente con el resto de las tribus: en un momento dado, de cada tribu se desgajaba un trozo de ella para formar una nueva tribu en otras tierras (nació su primer hijo); posiblemente hubiera más subtribus (más “hijos”) posteriormente, pero la primera era la importante en la genealogía que quería Moises resaltar para dar identidad al pueblo hebreo. Luego, el día marcado como muerte, es cuando esa tribu desaparecía por las razones que fuesen.

¿No creen que esta interpretación justifica sobradamente el que Noé y Lamek “tuvieran su primer hijo” a los 500 y 595 años? Ni la Biblia miente ni Dios es caprichoso; lo que fallan son las interpretaciones leyendo, lo que está escrito, con criterios ya prefijados.

Todo esto viene a colación de cómo, de forma parecida, fue sucediendo por ambos lados de Europa: los hispanos de oeste a este y los procedentes de Anatolia de oeste a este: los humanos se asentaban en un lugar de aceptables condiciones y a los dos, tres o más siglos, un grupito de esa tribu decidía buscar otras tierras; como siempre: porque se estaba produciendo un desequilibrio entre el crecimiento de población y los recursos disponibles.

Cuando ambas expansiones coincidieron en algún punto central de la geografía europea, sucedería lo que siempre sucede entre los humanos, primero unos sangrientos enfrentamientos por poseer cierta porción de terreno; para luego, salvo que uno de los grupos quedase exterminado, acabara produciéndose un mestizaje de los dos grupos.

Por cierto, según los especialistas analizando los ADNs, todos los europeos, en aquellos momentos, eran trigueños, ni negros, ni blancos, sino morenitos, sin ojos azules y sin cabellos rubios, aunque pudiera haber alguna cabellera pelirroja; estas características aparecieron unos cuantos milenios después cuando empezaron a entrar en Europa descendientes de los denisovanos orientales.

Temo que sigamos cayendo en hablar de siglos y milenios como si habláramos de la semana o del mes pasado. La descongelación de la última glaciación se inició hace 14.000 años y no sabemos de ninguna cultura o civilización antes de hace 8.000 años: Sumeria, Mohenjo-Daro (India), río Huáng Hé (China), Egipto, Çatal Hüyük (Anatolia, actual Turquía) y La Atlántida (Hispania); pero todas esas culturas son de zonas que nunca sufrieron directamente los efectos de una glaciación.

Dentro de las áreas directamente afectadas (al norte del paralelo 42ºN) no se desarrolló cultura alguna hasta después de la descongelación de esa última glaciación, cuando los habitantes de las zonas no afectadas empezaron a moverse en busca de nuevas tierras; entre ellos los hispanos que incluso, en balsas o primitivas embarcaciones, partiendo del norte de la península, fueron ocupando las tierras deshabitadas de las islas británicas, llevando con ellos su cultura celta; ya lo habían hecho en las Islas Baleares.

La palabra “celta” no es hispana, sino una latinización del griego antiguo «Κελτός» o «Κέλτης» (Keltós o  Kéltēs) que significa «gente culta». Curioso y digno de meditar el hecho de que los tan eruditos y humanistas griegos llamarán cultos a aquellos otros pueblos que prácticamente llenaban la mitad occidental de Europa.

Esos keltos tan cultos procedían de Hispania; ya, desde tan antiguo muy colonizadores y portadores de nuevas culturas a otras latitudes. Los simpáticos personajes ficticios, orgullo de los franceses: Asterix y Obelix (los galos), así como el “deforme hombre” encontrado en Neandertal (Alemania), el de Bélgica y todo los demás, eran descendientes de los hispanos (aunque, por supuesto, el concepto “hispano” todavía no existía.

Los celtas no eran indoeuropeos como se ha mantenido durante tantos años, Atapuerca demuestra lo contrario; los griegos sí eran indoeuropeos venidos de Anatolia, como lo son casi todos los de la mitad oriental de Europa; aparte de las posteriores oleadas de grupos denisovanos llegados directamente del sur de Siberia. 

No sabemos cómo se autodenominaban los celtas a sí mismos, pero hay un fonema que se repite allá donde ellos estuvieron o están: galo, galeico, gales, galego, gaélico, etc. No formaban un grupo nacional, tal como entendemos hoy; de hecho, incluso, dentro de cada grupo tribal, había clanes familiares; pero no hay duda de que tenían un claro concepto de pertenencia a una visión de la vida bien definida, de una gran espiritualidad y conexión con lo divino, con cierto esoterismo y muy fuerte conexión con la Naturaleza y sus energías; algo que se mantuvo siempre como parte del verdadero espíritu hispano.

Entre otros muchos lugares marcados como centros energéticos, tenemos Compostela (“campo de la estrella”; no sabemos a qué estrella se refiere) que era lugar de peregrinación europea mucho antes de la Era Cristiana.

Tenemos el río Deva en la cueva de Covadonga, cueva sagrada de los celtas y el nombre del río es celta, hace referencia a Deva la diosa del agua;

Igualmente tenemos, cerca de la ciudad de Chester (Inglaterra), un río Deva dedicado a la diosa del agua (comentado por los romanos), cuyo nombre cambiaron luego los sajones a río Dee.

El escudo de Yernes y Tameza, concejo municipal en el Principado de Asturias, contiene dos toros peleando: uno blanco y otro de color. Según la leyenda celta, hubo un problema de límites entre los pastos del poblado celta donde ahora está Yernes y Tameza y los pastos del poblado celta en lo que hoy es Proaza. Se decidió dirimir el tema con una pelea de toros, un gran toro blanco de Proaza al que los de Yernes y Tameza enfrentaron un toro rojo algo más pequeño. No solo ganó el toro rojo, sino que sus pezuñas quedaron impresas en un afloramiento rocoso, señalando los límites de los pastos.

Esa leyenda formó parte de la cultura celta trasportada a las islas británicas y en Irlanda tenemos la saga de un enfrentamiento entre Ulster y Connacht, que terminó mediante la lucha de dos toros, uno blanco y otro rojo, y aquí también ganó el rojo. En Dublín hay un mosaico que conmemora la “Guerra de Los Dos Toros”.

Es lógico y normal que alguien pregunte si no sería al revés, que los celtas (invasión indoeuropea como se ha dicho durante tantos años) llegó a Inglaterra y de allí pasaron a Hispania. Responderé con otra pregunta. ¿Quién llevó la cultura a quien, si el crómlech inglés es de hace 3.000 años y los similares (hay como media docena, aunque muy deteriorados) que hay en Hispania, datan de hace 6.000 años?

Aparte de esos crómlechs, Hispania (incluyendo las islas Baleares) está plagada de vestigios de castros o poblados celtas, así como dólmenes funerarios y navetas religiosas.

Podríamos cuestionarnos por qué Stonehenge (un solo crómlech en todo un país) es conocido por todo el mundo y nadie sabe que Hispania tiene varios crómlechs y muchos otros vestigios interesantes de aquella cultura.

La respuesta está en que los anglosajones son como las gallinas y les ha ido muy bien siéndolo y los hispanos son como las patas y así les va; no importa que huevos son mejores; la diferencia está en quien cacarea y quien no lo hace

El gran Oscar Wilde decía:

 “Inglaterra solo produce tres cosas buenas: el té, el whisky y mis libros; pero resulta que el te es chino, el whisky es escocés y yo soy irlandés. O sea que Inglaterra lo único bueno que tiene lo ha tomado de otros países”.

Igualmente tienden a cacarear hazañas que realmente hicieron otros; pero que, con cualquier pequeño matiz añadido, las hacen suyas, como afirmar que la primera vuelta al mundo la dio su capitán Drake; o convertir una derrota en victoria, como el intento de conquistar Cartagena con un enorme contingente de barcos y hombres, capitaneados por Edward Vernon; ataque cuya victoria era tan clara que ya se estaban acuñando monedas en cuyo anverso decía: “Los héroes británicos tomaron Cartagena el 1 de abril de 1741 – El orgullo español humillado por Vernon”; pero el resultado fue nefasto para los ingleses gracias al acierto estratégico de Blas de Lezo y la valentía de sus españoles, peninsulares y locales. Sin embargo, en Inglaterra, en la tumba de Vernon hay un epitafio que dice: «… conquistó Cartagena hasta donde la fuerza naval pudo llevar la victoria«.  Claro que de esa frase se deduce que llevar un contingente diez veces superior al español, no era suficiente.

Los celtas no eran un pueblo guerrero agresivo, pero si fuertemente defensivo y eso lo llevan los hispanos en su ADN (también está la importante influencia íbera, pero eso fue bastantes siglos después). Los hispanos defendemos férreamente lo nuestro ante los demás sin necesidad de la poción mágica de Astérix, aunque más bien pareciese que, como Obélix, nos caímos en la tina de la poción cuando éramos pequeños (celtas) y seguimos con los efectos; de hecho, como Obélix, nos encanta el jabalí, bueno, preferentemente su primo el cochinillo.

Con gran respeto al pueblo inglés, con quien tengo muy buenas relaciones y grandes amistades, opino que ellos se valen del mínimo que puedan tener para, con su cacareo, incrementar su imagen; mientras que los hispanos están tan acostumbrados a hacer grandezas como la cosa más normal y natural del mundo, que no dan importancia ni a lo que hacen ni a lo que tienen; en consecuencia, «Los huevos ingleses se venden mucho más que los huevos españoles, aunque estos sean tanto o más grandes y nutritivos»